¿QUIÉN ME QUIERE ACOMPAÑAR EN ESTA AVENTURA?

enero 31 de 2014

Les voy a contar de un proyecto ultrarecontraconfidencial. Yo sé, apenas se los cuente dejará de ser ultrarecontraconfidencial, pero la Revolución Animal tiene derecho a enterarse antes que cualquiera sobre el plan que tengo para desestabilizar el ritual de apareamiento en la humanidad. Lo mantuve en secreto porque podía poner en riesgo la sanidad mental de ustedes, mis Amigos de lo Salvaje, dado que el corazón de mi estrategia consiste en saber qué quieren las Hembras humanas. Y eso enloquece hasta al más cuerdo. Sin embargo, ha llegado el momento para que un grupo élite de Amigos de lo Salvaje me ayuden en el proyecto ultrarecontraconfidencial formando parte del naciente Consejo de la Selva.

Hace casi un año les advertí que disminuiría la frecuencia de circulación de las verdades irracionales. El análisis semanal de la estupidez humana pasó a ser quincenal. No fue porque se me hayan agotado las ideas. Todo lo contrario. Es imposible que ocurra mientras tenga como fuente de inspiración a la infinita estupidez humana. Lo que sí sucedió fue que yo publicaba una verdad irracional en un jueves o viernes, y a la semana siguiente había silencio de mi parte. Durante los lapsos silenciosos, continué escribiendo. Todavía continúo escribiendo unas letras ultrarecontraconfidenciales.

Bajo absoluto hermetismo he ido sembrando palabras venenosas que al final florecerán en un libro electrónico de verdades irracionales. Pero con una variación sofisticada de la receta original: serán verdades femeninamente irracionales. Y los primeros que saborearán una muestra gratis del bufé de lógica ilógica serán los miembros del Consejo de la Selva.

El libro es fruto del reto más peligroso que se pueda enfrentar: seducir a las Hembras humanas. Más peligroso que abrazar un pararrayos durante una tormenta eléctrica. Más peligroso que saltar de bungee desde la cima de una pirámide. Más peligroso que abrir una lata de gaseosa luego de haberla agitado. Incluso más peligroso que olvidar el cumpleaños de tu novia.

A partir de mi fuga del Zoológico de Aqueronte, siempre temí que el mayor riesgo que encararía en mi misión de dejar al descubierto la estupidez humana sería el de terminar como alfombra. He tenido aterradoras pesadillas donde mi valioso pelambre de tigre de bengala no es más que un adorno, al lado de una chimenea, de la oficina de Dante. Exhibirme como trofeo disecado sería mi condena por lograr que los Amigos de lo Salvaje duden de lo que siempre les han dicho.

Pero había un castigo aún más drástico. Entender por qué una Hembra humana asegura que no tiene nada qué ponerse frente a un clóset lleno de ropa, por qué luce incómodos tacones aunque tenga ampollas en los pies, por qué dice ‘no’ cuando quieren decir ‘sí’ o por qué exige un Príncipe Azul sin ser al menos una princesa, fue una experiencia traumatizante.

Quise ponerme en los zapatos de las mujeres. Me salieron callos. Se me hincharon mis patas. La espina dorsal se me torció. Y sí, mi estatura ganó unos cuantos centímetros y mis pantorrillas se veían más espectaculares que de costumbre, pero no eran, para mí, argumentos suficientes para someterme voluntariamente a una tortura sobre unos zancos. Cuando escarbé para encontrarle sentido a esa locura, solo me topé con justificaciones como “Me veo más elegante” o “Me canso más cuando uso calzado plano”.

Hasta que dejé de ponerme en los zapatos de las Hembras humanas y entendí. Empecé a mirarlas desde cierta distancia y todo se me hizo más claro. Obtuve respuestas concretas a mis preguntas sobre las mujeres cuando dejé de preguntarle a las mujeres. Discerní que una cosa es lo que dicen, otra muy distinta la que hacen. No hay que escucharlas, solo hay que observarlas para saber qué tipo de carnada las tienta. Y, finalmente, comprendí por qué el Bufón tiene más éxito que el Príncipe Azul.

Las letras ultrarecontraconfidenciales que muy pronto revelaré a la luz pública es un manual de seducción para Príncipes Azules. En realidad se podría considerar, más bien, un programa de rehabilitación que los desintoxicará para convertirlos en Bufones. Está diseñado para que un Macho humano se transforme no en lo que ellas dicen querer, sino en lo que ellas quieren de verdad; solo necesitará el libro electrónico que el Sindicato Femenino no querrá que lea.

Todavía no he terminado de redactarlo. Ya casi. Para culminar la última fase de la escritura necesito al Consejo de la Selva. La labor de quienes acepten mi invitación será darme sus opiniones en relación a distintos aspectos que les iré enviando, tales como el título del libro, bocetos de ilustraciones, ideas sueltas y verdades femeninamente irracionales que abordaré, entre otros. En pocas palabras, los invitaré tras bambalinas a que me asistan en la culminación de la compleja misión que creará la vacuna que curará a los Príncipes Azules.

Los Amigos de lo Salvaje que estén interesados en hacer parte del Consejo de la Selva, solo deben suscribirse al boletín de noticias de la Revolución Animal en el siguiente enlace: ¡Únete!. También me pueden escribir a lucano@divinacomedia.com manifestándome su voluntad de lucha más activa. No sobra aclarar que quien ya reciba las noticias de la Revolución Animal en su correo electrónico, ya es parte del Consejo de la Selva y no es necesario que se inscriba nuevamente. ¿Quién de ustedes me quiere acompañar en esta aventura?

Hasta una próxima verdad humanamente irracional, Amigos de lo Salvaje.

Lucano Divina
Comandante Macondo de la Revolución Animal
Selvas de Suramérica, enero 31 de 2014

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