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¿RESISTIRÍAS UN DÍA SIN TU TELÉFONO MÓVIL?

POR LUCANO DIVINA PUBLICADO 16-12-2014
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Imagínatelo, imagínatelo por un instante: un día aislado del mundo exterior porque decides apagar tu teléfono móvil. Serían veinticuatro plácidas horas sin llamadas de clientes en horario no laboral, de representantes de ventas que quieren que compres lo innecesario, de tu paranoica esposa intuyendo infidelidades o de tu maquiavélica amante interrumpiéndote cuando estás con tu esposa. Mil cuatrocientos cuarenta minutos sin mensajes de texto recordándote facturas a punto de vencer, de fotografías de tus amigos de Facebook en lugares paradisíacos mientras tú estás rompiéndote la espalda en la oficina o de emoticones de enfado porque los chulitos azules de WhatsApp dejaron en evidencia que ignoraste a tu esposa. Pero, dirás tú, agobiado por la incertidumbre, “¿y si hay una emergencia?”.

Una emergencia es, por su propia naturaleza, una rareza. No es habitual que a diario se espiche una llanta de tu auto, se desplome tu abuela al piso por un ataque al corazón o se presente tu amante en la oficina de tu esposa. Son rarezas que requieren de tu atención inmediata, las esporádicas veces que ocurren al año. Es decir, al menos que seas un paramédico, el presidente de la nación o Batman, no necesitas un teléfono móvil debido a que tu vida no gira alrededor de las emergencias; de hecho, Batman prefiere que lo llamen con una señal luminosa cuando lo contactan para ir a salvar a Ciudad Gótica.

Tu teléfono móvil, en realidad, lo usas la mayoría del tiempo para perder el tiempo. Entonces, ¿por qué lo ves como un imposible durar un día lejos de un aparato que hace unos pocos años ni siquiera existía? Yo te diré los porqués.

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Porque si no lo publicas en la redes sociales, no existe. Si un árbol cae en el bosque y no hay nadie que lo escuche, ¿hace ruido? Si fuiste a un exclusivo restaurante al que solo logra ingresar la farándula hollywoodense y nadie —salvo tu pareja y tú— ve la comida sobrevalorada que fotografiaste, ¿hace ruido entre tus amigos de Facebook?

Porque eres perezoso. ¿Te suena familiar marcarle al móvil de tu hermano, quien se encuentra en el cuarto de al lado?

Porque quizá te toque intimar con gente aburrida. Peor aún: con gente desconocida. Vas a una reunión social en compañía de unos amigos, pero, de repente, todos ellos deciden ir al baño cuando tu vejiga está vacía, ¿y qué haces tú? ¿Intercambias un par de palabras con el que hace unos instantes te comentó que la ciudad estaba muy lluviosa? ¿Charlas con el primo del anfitrión que tiene cara de no querer estar donde está? ¿O inicias un chat con el amigo antisocial que no fue a la reunión social?

Porque el contacto visual es parte del pasado. Los ojos dejaron de ser las ventanas del alma, ahora lo que necesites saber está en el perfil de Linkedin donde no hay nadie que no sea exitoso, en Facebook donde nada más hay gente feliz o en Tinder donde solo hay supermodelos, entre otros.

Porque te consideras una persona multitarea. Te depilas las cejas, te pintas las uñas de diferentes colores, publicas una selfie en Instagram haciendo boca de pato, contestas la sexta llamada de un pretendiente, guardas una imagen de una cartera italiana en tu tablero de Pinterest cuyo nombre es ‘Regalitos que me enamoran’… todo al mismo tiempo y todo mientras conduces tu automóvil en una autopista de alta velocidad. Tú denominas ese malabarismo como un talento de una persona multitarea; la realidad es que eso es un trastorno por déficit de atención y un peligro al volante.

Porque te permite el don de la ubicuidad. Estás en cine viendo una comedia romántica, pero también estás en tu pantalla luminosa que interrumpe la concentración del resto de espectadores. Estás celebrando Navidad con tu familia, pero también estás en las redes sociales viendo como los demás celebran con sus familias. Estás, pero no estás.

Porque, en serio, podrías enfrentarte con una emergencia. Esa posibilidad siempre estará latente. Es tu justificación para no apagar tu móvil cuando te piden hacerlo al inicio de una obra de teatro. Tienes que estar preparado. Cualquier conversación puede ser interrumpida para que lleves una de tus manos a la cintura, desenfundes tu celular y bajes tu mirada al regazo, porque no da espera pedir vidas en Candy Crush. Para ti eso es una emergencia.

Tú crees que eres inmune a esta epidemia que te obliga a vivir sumergido en un aparato de comunicación que te hace olvidar de la comunicación con lo que está fuera de este. Aseguras que sin mucho esfuerzo podrías dejar de usar tu móvil por un día o dos o los que toquen. No obstante, suponiendo que te sometieras a dicha dieta digital, tu fuerza de voluntad sería tan férrea como la de un autodenominado fumador social: en teoría, cuando tus amigos estén usando sus móviles, a ti te bastaría con mirar de reojo sus pantallas luminosas para enterarte de las novedades recientes… aunque más temprano que tarde el síndrome de abstinencia de chismes te haría sentir que te está vibrando en el bolsillo pese a no traerlo contigo… luego, inmerso en la angustia, correrías a tu casa en su búsqueda porque sería muy probable que te hayan escrito un correo electrónico que demandaría tu pronta respuesta… hasta llevarte a darte cuenta que el mundo no te necesita para seguir dando vueltas y a terminar sentado en el inodoro leyendo estas palabras desde tu teléfono móvil.

Hasta una próxima verdad humanamente irracional, Amigos de lo Salvaje.

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Comandante Macondo de la Revolución Animal

Selvas de Suramérica, diciembre 16 de 2014


* Si te apetece un delicatesen de estupideces humanas, la recomendación del chef es que leas su libro ‘El Príncipe Azul abre puertas, el Bufón abre piernas’, el cual encuentras en iBooks, Amazon, Google Play y Kobo (English version available).

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