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TODO LO QUE TE GUSTA ES ILEGAL, INMORAL O ENGORDA

POR LUCANO DIVINA PUBLICADO 28-02-2014
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Compraste un smartphone barato pero robado. Aparcaste tu auto en un espacio reservado para minusválidos. Bebiste una malteada de vainilla cuando estabas a dieta. Descargaste de internet una versión pirata de una película que podías ver en cine. Evitaste decirle al cajero del supermercado que te dio más cambio del que debía. Añadiste tanto azúcar a tu café que varias cucharadas se quedaron sin diluir en el fondo de la taza. Fumaste marihuana sin prescripción médica. Deseaste la Hembra humana del prójimo. Lamiste la salsa de chocolate que habías rociado sobre la Hembra humana del prójimo. ¿Por qué lo hiciste si estaba expresamente prohibido?

La primera interdicción de la historia se la impusieron a Adán y Eva. Dios creó a dicha pareja y la invitó a hospedarse en el mejor hotel del universo, sin ninguna contraprestación pero sí con una condición: a la hora de alimentarse podían tomar los frutos de todos los árboles del jardín, excepto de uno. Tenían a su entera disposición manantiales cristalinos que ningún humano había empezado a contaminar, bosques frondosos que todavía no habían sido talados para hacer papel higiénico, aire puro que no gozaba de la celebración de un día mundial para generar conciencia de su escasez; siempre y cuando no comieran del fruto prohibido. El desenlace ya lo conocemos, lo extraño es que Dios no supiera –pese a que todo lo sabe– de la peligrosidad de la semilla que había plantado en la humanidad.

Dios transformó un simple ‘no’ en un desafío. Desde el pecado original al presente, una prohibición es al mismo tiempo una invitación a hacer lo que se prohibió.

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“No tocar”, “no pisar el césped”, “no entrar a Facebook en horas de oficina”, “no me gustan esas amistades”, “no me gusta ese muchacho para ti”, son retos que suelen motivar a un niño a tocar un jarrón que luego caerá al suelo, a un futbolista de barrio a jugar sobre una grama bien cuidada, a un empleado a conectarse a Facebook en el trabajo para no perder el tiempo en la casa, a un adolescente a relacionarse con los vagos del colegio y a una Hembra humana a enamorarse del que nunca la va a llamar de vuelta después de haberse acostado con ella.

Basta recordar la última vez que hiciste una dieta. Tenías permitido comer lo insípido aderezado con una salsa desabrida. También tenías permitido calmar el hambre tomando agua, mucha agua. Lo que tenías prohibido eran los brownies con helado, entre otras delicias, que habían logrado que no te cerraran los pantalones. Aunque jamás asumiste tu culpabilidad. Aseguraste que la responsabilidad directa fue de la lavadora que encogió tu ropa, de una báscula defectuosa, de los alimentos transgénicos, de los genes y hasta de tu novia que te engordó para evitar que otras Hembras te miraran. Quizás por eso no sentiste remordimiento alguno cuando te levantaste en la madrugada para mordisquear una esquinita de un brownie que habías guardado para conmemorar el fin de tu dieta; celebración que no solo adelantaste sino que se convirtió en un acto de resignación donde aceptaste que necesitarías comprar pantalones de una talla más grande.

Debes admitir que te encanta desobedecer las reglas. Sientes libertad. Sientes una especial satisfacción. Un trago de aguardiente que olvidaste pagar, una mirada al correo electrónico de tu pareja, una declaración de impuestos plagada de verdades parciales, un postre que no sea light, un trío… Cada vez que haces lo que la sociedad te ha dicho que no debes hacer, te inunda una abrumadora sensación de placer, una hermosa burla hacia aquellos que tienen más poder que tú.

¿Qué sería de tu vida sin prohibiciones? Tal vez pienses que solo podrías ser feliz debido a que, en teoría, por fin harías lo que te da la gana. Pero si anhelas una sociedad que carezca de reglas para romper, estás soñando con una sociedad donde las tentaciones dejan de serlo. Adán y Eva no hubieran probado el fruto prohibido si este hubiera sido el fruto permitido. Y tú perderías el magnético encanto que provocas en el sexo opuesto cuando tienes pareja.

Hasta una próxima verdad humanamente irracional, Amigos de lo Salvaje.

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Comandante Macondo de la Revolución Animal

Selvas de Suramérica, febrero 28 de 2014


* Si te apetece un delicatesen de estupideces humanas, la recomendación del chef es que leas su libro ‘El Príncipe Azul abre puertas, el Bufón abre piernas’, el cual encuentras en iBooks, Amazon, Google Play y Kobo (English version available).

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