TIENDA

SALVAJE

NUEVA YORK: LA CAPITAL DEL INMUNDO MUNDO

POR LUCANO DIVINA PUBLICADO 25-10-2013
enviar a un amigo
versión imprimible agregar a favoritos
| | | |
Le llaman ‘la capital del mundo’, pese a que no es la capital de su propio país, ni de su propio estado. Sin embargo, es dicha metrópoli la que decide cómo te vistes para encajar en un estándar de elegancia, qué debes leer para parecer informado, cuánto vale el dólar, cuál automóvil te hará popular frente el sexo opuesto y qué juguete tecnológico tienes que comprar para reemplazar el juguete tecnológico que compraste hace poco, entre otras influencias globales. Tuve que ir a conocer ese lugar cuyo poder manipulador supera al de las religiones.

Hablo de la ciudad que nunca duerme, aunque no de Las Vegas. Hablo de Gotham y de Metrópolis, aunque no de los hogares de Batman y Supermán. Hablo de La Gran Manzana, aunque no de la empresa de la manzana mordisqueada. Hablo de Nueva York. Tuve que ir a entender la magia de esa selva de cemento.

Siempre me ha cautivado el magnetismo que el autodenominado ombligo del mundo tiene en la vida moderna. Todo lo importante sucede allí, en el fascinante territorio bañado por la boca del contaminado río Hudson. Si cae un meteorito descomunal, es en Nueva York. Si un dinosaurio radioactivo invade a una ciudad, prefiere ir a destruir a Nueva York. Si los fantasmas deciden aparecerse en masa, incluyendo entre ellos a un gigante Hombre de Malvavisco del tamaño de un rascacielos, sin duda lo hacen en Nueva York. Si los extraterrestres establecen contacto con nuestro planeta por primera vez, escogen a Nueva York y luego derriban al Empire State. De hecho, Nueva York es tan trascendente que cuando distintos superhéroes la han salvado, creen que están salvando a la totalidad del planeta Tierra.

Lo que no sabía y que solo descubrí cuando intenté disfrutar la vida como un neoyorkino más, fue el elevado precio de la vida neoyorquina. Tan elevado como su panorama urbano.

85-Nueva_York_la_capital_del_inmundo_mundo-Lucano_Divina-Detalle.jpg

No entendía. No era el glamuroso sueño al alcance de cualquiera que me habían promocionado en Sex and the City, en Friends y en los relatos de los extranjeros que trabajan en Manhattan haciendo lo que nunca harían en sus países de origen. Un simple café cuesta lo de dos capuchinos, la ropa de última moda pasa de moda a la semana siguiente, 100 dólares alcanza para llenar una bolsa pequeña del supermercado, el valor mensual de un parqueadero es igual al arrendamiento de una casa en las ciudades vecinas y la mayoría vive en apartamentos del tamaño de un clóset. Supuse que todo lo bueno, cuesta; en el caso de Nueva York, cuesta mucho.

Pero, ¿cómo logró Carrie Bradshaw, con un sueldo de columnista de periódico desconocido, pagar un estilo de vida que comprendía un espacioso apartamento ubicado en el exclusivo barrio de Upper East Side, tertulias semanales con sus amigas en restaurantes trendy, nunca transportarse en metro y una adicción a los Cosmopolitans y a los zapatos Manolo Blahnik? ¿Cómo lograron Mónica Geller —una chef que no podía conservar un empleo estable— y Rachel Green —una barista que ni siquiera sabía preparar un latte— vivir en un apartamento de dos comodísimas alcobas en Greenwich Village y tener tiempo de sobra para parlotear a diario con sus amigos mientras tomaban café? ¿Y cómo lo lograron Don Draper con una costosa exesposa, Rufus Humphrey con dos hijas estudiando en un colegio privado y Cosmo Kramer con una ración de café de por vida como único ingreso tangible? El único que parecía vivir en Nueva York es Harry Potter —aunque en realidad vivía en Surrey, una población al lado de la otra capital del mundo (Londres)—; su cuarto debajo de las escaleras se ajusta a las dimensiones de vivienda neoyorkina para el presupuesto promedio.

La percepción de La Gran Manzana como la capital del planeta Tierra, empezó a popularizarse desde que se terminó de construir el cuartel general de las Naciones Unidas en 1952, dentro de la isla de Manhattan. Ya era una urbe que albergaba a casi ocho millones de habitantes, gozaba de una boyante economía, se enorgullecía de ser la cuna del expresionismo abstracto, fungía como el principal impulsor de la universalización del jazz y proveía las facilidades necesarias para los centros de operaciones de famosos superhéroes —Supermán, Batman, Ironman, los Cuatro Fantásticos, los X-Men, el Hombre Araña, el Naked Cowboy de Times Square—. No obstante, el símbolo que representaba reunir a los jefes de estado de 51 países miembros —hoy 193— para que discutieran eternamente los problemas globales sin resolver nada, fue la cereza en el postre que le dio su actual estatus de celebridad entre las ciudades.

Gracias al reconocimiento internacional, la capital del mundo se convirtió en el destino soñado. Y cuando hablo de ‘la capital del mundo’, hablo exclusivamente de Manhattan; donde están los musicales de Broadway, los picnics en el Central Park, los almacenes de lujo de la Quinta Avenida, la antorcha eléctrica de la Estatua de la Libertad, la pista de hielo del Rockefeller Center, las Rockettes del Radio City Music Hall, la paranoia del memorial de 9/11 y las especulaciones de Wall Street. En teoría, también existen los distritos metropolitanos de Brooklyn, Queens, el Bronx y Staten Island; pero en esos lugares, según los estereotipos hollywoodenses, solo está el puente de Brooklyn, las casas de latinos que lavan los platos de los restaurantes de Manhattan, el estadio de los Yankees, cantantes de rap, cantantes de hip hop, grafitis, disparos al aire, sirenas de la policía y el barrio donde nació Jennifer López.

El pequeño inconveniente es que Manhattan es solo una isla, más grande que muchas, pero isla al fin y al cabo. Hay un espacio limitado para construir hacia los lados y por eso las edificaciones apuntan hacia arriba, muy arriba. Los rascacielos, además, están tan pegados los unos de los otros que parecen una cruel metáfora del metro en hora pico. Al interior de ellos se encuentra, en su mayoría, a viviendas que no son aptas para claustrofóbicos y a neoyorquinos —o extranjeros que se creen neoyorquinos— luchando para pagar las onerosas cuentas. Todos luchan, como si fueran personajes de un reality show que no quieren ser expulsados de la isla, y para eso trabajan, trabajan, trabajan y sufren de insomnio (ahí toma sentido lo de ‘la ciudad que nunca duerme’). Todos están de afán aunque no estén de afán, quejándose de los turistas que taponan el flujo normal de los andenes. Todos están entrenados para tomar varias tazas de café estando de pie; tal parece que el sofá de Friends, el que siempre estaba disponible para los mismos clientes a cualquier hora, es un mito urbano. Todos practican el deporte preferido de la ciudad, hacer fila (hasta para comprar un sobrevalorado cupcake en Magnolia Bakery). Todos visten de negro. Todos se informan de la actualidad mundial leyendo de un vistazo los titulares del New York Times. Todos leen a profundidad —y en secreto— la célebre Page Six del New York Post, la página de chismes. Todos, al final de cuentas, se están buscando a sí mismos en el distrito equivocado.

Todos tienen la fantasía que Nueva York Manhattan los convertirá en personas más interesantes y exitosas, por el simple hecho de habitarlo. Todos deducen que la experiencia vivencial de un entorno cosmopolita transforma al individuo en alguien que los demás quisieran ser. Todos sustentan esa fantasía con lo que consumen en otras fantasías; por ejemplo, cuando creen que pueden conseguir un apartamento con el walk-in closet de Carrie Bradshaw gracias a que tienen un trabajo neoyorquino similar, pese a carecer de lo más importante: la billetera de Mr. Big.

Contrario a lo que había pensando al llegar a Nueva York, después entendí que dicha ciudad sí es la capital del mundo. Pero no por las razones que la maquinaria publicitaria nos ha transmitido por décadas, sino porque es una representación teatral en gran formato de lo que son las demás ciudades del planeta. En todas las ciudades hay un Manhattan al que todos se quieren mudar. En todas las ciudades hay quienes prefieren vivir en un cubículo de un sector apetecido y no en un penthouse de un distrito adyacente. En todas las ciudades hay quienes piensan que el éxito se puede transmitir por osmosis. En todas las ciudades hay quienes se creen todo lo que sale en los medios de comunicación. En todas las ciudades hay quienes buscan afuera, las respuestas que siempre han estado dentro de sí mismos.

Hasta una próxima verdad humanamente irracional dentro de una nueva selva de cemento, Amigos de lo Salvaje.

Lucano_Divina-Sello_Oficial.jpg

Comandante Macondo de la Revolución Animal

Selvas de Suramérica, octubre 25 de 2013


* Si te apetece un delicatesen de estupideces humanas, la recomendación del chef es que leas su libro ‘El Príncipe Azul abre puertas, el Bufón abre piernas’, el cual encuentras en iBooks, Amazon, Google Play y Kobo (English version available).

** Para que estés siempre al día con las noticias de la Revolución Animal, inscribe tu correo acá: ¡Únete!

« Anterior verdad irracional

GUÍA PARA HACER SEXTING, SIN HACER EL RIDÍCULO

Siguiente verdad irracional »

LA FELICIDAD NO SE COMPRA, PERO TAMPOCO ES GRATIS

Compartir esta verdad es querer esta selva


| | | |

ARCHIVADO EN

SELVAS DE CEMENTO DESASTRE SOCIAL CLICHÉS 

Si te gustó la anterior verdad irracional, lee estas otras

110-Las_cincuenta_tontas_de_Grey-Lucano_Divina-Listado.jpg

LAS CINCUENTA TONTAS DE GREY

107-Que_tan_brutas_son_las_reinas_de_belleza-Lucano_Divina-Listado.jpg

¿QUÉ TAN TONTAS SON LAS REINAS DE BELLEZA?

106-Resistirias_un_dia_sin_tu_telefono_movil-Lucano_Divina-Listado.jpg

¿RESISTIRÍAS UN DÍA SIN TU TELÉFONO MÓVIL?

105-Tu_eres_lo_que_tragas-Lucano_Divina-Listado.jpg

TÚ ERES LO QUE TRAGAS ENTERO

102-Aqui_se_habla_emoticon-Lucano_Divina-Listado.jpg

AQUÍ SE HABLA EMOTICÓN ;)

100-Que_debes_decir_cuando_hables_contigo_mismo-Lucano_Divina-Listado.jpg

QUÉ DEBES DECIR CUANDO HABLAS CONTIGO MISMO